miércoles, 13 de junio de 2012

LA RELIGIÓN Y LA NADA


KEIJI NISHITANI
        En este ensayo sobre La religión  y la nada voy a narrar sobre la perspectiva filosófica de Nishitani y su elaboración acerca del punto de vista de la vacuidad y la religión.
        Nishitani lleva a la cúspide más alta la preocupación del yo verdadero ante los excesos de la vida moderna, intentando crear una   base  filosófica para una existencia individual enriquecida y por tal, ante tal experiencia, una nueva existencia social y una evolución cultural.
Desde una perspectiva  filosófica oriental Nishitani trata de explicar  el punto de vista filosófico occidental, retomando  en este ensayo filosófico, ciertos argumentos de filósofos occidentales tales como, Descartes, Sartre, Nietszche, Kierkegaard, Eckhart y en algunos de estos autores como Descartes y Sartre, Nishitani argumenta críticamente respecto a  algunos de sus postulados filosóficos. En  Descartes, hace la crítica del concepto cogito ergo sum, como incapaz de concebirse fuera del  propio ego y  por tal manera se apega y encierra dentro del propio ego. En su crítica hacía Sartre de igual manera, el existencialismo humanista  proclamado por  Sartre, refuerza el ateísmo y desplaza al teísmo dejando al individuo y a todo lo que le rodea sin la imagen de Dios, rechazando una visión teológica del mundo, perspectiva que en el mundo moderno racionalista crea un gran nihilismo y un  gran sufrimiento de todo individuo (intelectuales o no) y hacia todas las cosas que le rodean (naturaleza, cultura, ciencia, etc.).
“La nihilidad que anuncia la muerte de Dios emerge del fondo del mundo material y mecanicista, y es percibida por el hombre moderno como una abismo en el que experimenta la trascendencia extática de la propia existencia. Esa subjetividad alcanza su verdadero sentido sólo cuando el hombre ha sentido la apertura de ese abismo en el fondo de su existencia. Sólo entonces despierta a su libertad e independencia verdaderas.” (Nishitani Keiji, La religión y la nada, Ediciones  Siruela, Pág.107).

        Es por esta razón materialista del mundo (ateísta progresista), que Nishitani ahonda  en el campo de la conciencia, explicando el devenir existencial del sentimiento nihilista que concurre hacía el propio individuo, sus actividades y hacia su entorno, trata de explicar la importancia de la religión y la necesidad inherente  al sujeto de ésta, ante las preguntas de la Existenz que a lo largo del vasto recorrido de la vida surgen; aquí acontece la gran duda existencial del sí mismo y de todo lo que le rodea.
“Nuestra vida permanece en el borde del abismo de la nihilidad, al cual puede regresar en cualquier instante. Nuestra existencia es a la vez una no existencia, oscila desde y hacia la nihilidad, feneciendo sin cesar recobrando su existencia.” (Nishitani Keiji, La religión y la nada, Ediciones Siruela, Pág. 40)
A partir de esta apertura al  horizonte de la nihilidad, es la manera de darle un sentido a la propia conciencia.
Este concepto, al que Nishitani denomina la doble exposición de todas las cosas, desarrolla la idea del no-dualismo de la vida en la muerte y la muerte en la vida inherente en la existencia de todas las cosas en el aquí, en el ahora y en el siempre.
“En cada momento  de la actividad humana es absolutamente muerte en la vida, vida en la muerte, ser en la nada, nada en el ser absolutamente.” (Nishitani Keiji, La religión y la nada, Ediciones Siruela, Pág.126.
La conciencia de la subjetividad surge de una negación absoluta que pasa por una afirmación absoluta. Lo impersonal personalizado que lleva a la práctica del amor indiferenciado, cualidad transpersonal  de la perfección de  Dios, es la ausencia del egoísmo o lo que en el budismo se denomina  no-yo (vacuidad no en sentido occidental).
El hecho de tomar en cuenta la deidad así como lo entendía Eckhart (teología negativa) es aceptar que la autonomía del alma, está arraigada con la esencia de Dios, este punto de vista que Nishitani resalta en su ensayo, muy en acuerdo con respecto a la filosofía  de Eckhart, ya que Eckhart consigue desarrollar el punto de vista de la nada absoluta, connota una visión más profunda de la conciencia de la subjetividad del individuo y concluye con la idea de que la subjetividad humana logra su consumación con la subjetividad divina.
El concepto de deidad es aquel lugar donde Dios  no es Dios mismo pero al mismo tiempo afirma  la idea de Dios en sí mismo, es decir, Dios es en sí mismo gracias a esa nada absoluta.
“El éxtasis representa una orientación del sí mismo a su fundamento, de Dios al fundamento de Dios, del ser a la nada. La negación en la afirmación representa una orientación de la nada al ser.” (Nishitani Keiji, La religión  y la nada, Ediciones Siruela, Pág. 119)
La nada absoluta, es una nada viva que se introduce en relación al ser, esto no implica una dualidad, más el ser, la utiliza como su negación, en donde la nada absoluta llega a manifestarse.
Gracias a ésta conversión existencial, donde el hombre, gira a una auto-apertura en la nada absoluta, la personalidad del individuo (encerrada en el sí mismo) se abre hacia  lo más profundo, y el yo personal se revela como subjetividad.
“El exterior es aquí más interior que lo más íntimo. El mundo exterior aparece como una autorrealización de la nada no objetivada, o mejor dicho, se hace presente como él, en identidad con la nada.” (Nishitani Keiji, La religión y la nada, Ediciones Siruela, Pág. 124).


BIBLIOGRAFÍA

Nishitani Keiji, La religión y la nada, Ediciones Siruela.

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